Posts Tagged 'Amar hasta el extremo'

Una lucha que atraviesa toda la historia

Lo cuenta B16 en el libro-entrevista  “Luz del mundo” que hoy ha salido a la luz. Y lo hace citando a san Agustín:

La historia del mundo es una lucha entre dos tipos de amor. El amor de sí mismo llevado hasta la destrucción del mundo; y el amor por el prójimo, llevado hasta la renuncia de uno mismo. Esta lucha, que siempre se ha podido ver, está en curso también hoy.

(Luce del mondo, Libreria Editrice Vaticana, 91)

Fidelidad

Hablemos de fidelidad…

“Nos hallamos en tiempos donde es necesario hablar – y escuchar- sobre ella y muy especialmente de la fidelidad de Dios al hombre, que es el modo mejor de entender y llegar a las demás relaciones que precisan esa virtud…”

“…Nada tiene que ver la fidelidad con la terquedad o la obstinación que son desnaturalizaciones de algunos aspectos verdaderos de la fiedelidad, como son la tenacidad , la perseverancia, la entereza o la resistencia, que constituyen virtudes por las cuales el ser humano se mantiene adherido al fin que pretende coneguir. La fidelidad y la sinceridad son distintas, aunque la fidelidad bien entendida es sincera, abierta, espontánea e innovadora.

Gabriel Marcel sugirió hablar de la fidelidad creadora, decía así: “Lejos de degradarse en obstinación estéril, la más despreciable de sus criaturas, la fidelidad auténtica es libre, inventiva, creadora. Comunió viviente, implica una lucha activa y continua contra las fuerzas que tienden en nosotros hacia la dispersión interior y no menos hacia la esclerosis del acostumbramiento. Bajo su forma elemental se expresa como creación negativa, rechazando como tentaciones aquellas realidades o situaciones que contradirían nuestro compromiso.Positivamente es una obligación de inventar una conducta conforme a las promesas, de entablar unas relaciones de configurar un yo adaptado al nuevo estatuto de vida…”

Es necesario hablar de fidelidad – Carlos Osoro.  20 de Junio de 2010

A proposito de esta pequeña reflexión sobre la fidelidad,aquí os dejo otro de los cortos que conforman la película París, je t’aime. En este caso es Isabel Coixet la que tiene algo interesante que ofrecer…

Lo que le pasa a este hombre tiene mucho que ver con lo expuesto arriba.

“…lucha activa y continua contra las fuerzas que tienden en nosotros hacia la dispersión interior y no menos hacia la esclerosis del acostumbramiento…”

Fuerzas que tienden en él hacia la dispersión: La azafata.

Lucha activa:  Un sencillo Sms que diga “Olvídame” ( es lo que pone en verdad en el móvil)

Fuerzas que tienden en él hacia la esclerosis del acostumbramiento: Todo aquello que ha dejado de sorprenderle de ella para pasar a ser una tortura. El aburrimiento. La inactividad amorosa.

Lucha activa: La voluntad. Ponerse manos a la obra. ¿La clave? Esta frase “ Actuando como un hombre enamorado, volvió a ser un hombre enamorado”

La pena es que la leucemia terminal sea lo que le pone en marcha (aunque Dios se vale de todo). Lo estupendo sería que el divorcio terminal fuese lo que nos pusiese en alerta y manos a la obra.

En fin,obras son amores, y no buenas razones.

“Y al contario, alguno podrá decir: “¿tu tienes fe?; pues yo tengo obras. Pruébame tu fe sin obras y yo te probaré por las obras mi fe.”.. St.2,18

Sacerdote, novio, marido, padre, hermano…ponte a limpiar, ponte a rezar, ponte a escuchar, ponte a AMAR y como dice en el texto de arriba: Mantente adeherido al fin que pretendes conseguir. Se fiel.

Yo no hago mal a nadie

Para algunas personas la expresión “mientras no haga mal a nadie”, se ha convertido no sólo en una regla de valoración moral, si no en una “razonable” filosofía de vida; en un modo de vivir muy considerado, responsable y correcto. “Yo simplemente no hago mal a nadie”.

Que no nos engañen, el evangelio nos enseña que nuestra vida consiste en aprovechar los talentos que Dios nos ha dado (Mt 25,14-30) para hacer el bien al prójimo, radicalmente diferente de no hacer mal a nadie. Nuestra misión es ser un Don de Dios para el mundo: “se tú una bendición” (Gn 12,2), no secundar nuestro egoísmo con filosofías de vida que en el fondo dicen: “mientras no me molestes, haz lo que quieras”. Que no te importe lo que los demás hagan es sinónimo de no quererlos. No querer a una persona es siempre hacerle un mal.

Si para algunos el evangelio no es razón suficiente para desechar la falacia de “yo no hago mal a nadie”, mucho más sincera y contundente es la propia naturaleza. Desde el punto de vista de la ecología, la única forma de compromiso con este modo de vida es pasar de ser un productor de dióxido de carbono, a ser abono para las plantas. Mientras respires, tienes el compromiso ecológico, social y moral, de hacer el bien. Eso si que es un uso inteligente y responsable de la energía.

Una vida que se da…

Relacionarse sinceramente con otras personas puede resultar muy perjudicial para el orgullo. Resulta muy duro darse cuenta como los propios pensamientos están llenos de prejuicios y de un no-siempre-encubierto desprecio. En mi caso, me saca de quicio la gente que habla o camina despacio, es más, creo que les odio. La razón, muy sencilla: se que me voy a morir y que mi tiempo es limitado. Les odio porque me roban mi tiempo, roban la poca vida que tengo y lo hacen con total naturalidad e indiferencia, como si fuesen tan importantes como para no tener ni que pedirme permiso para ocuparlo, mientras todo mi ser agoniza silenciosamente. “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Rm 7,24)

He aquí el núcleo del problema: es imposible dar algo tan limitado como la vida. De hecho, no sólo es limitado, sino que además no conocemos su medida y por mucho que nos engañemos, no podemos administrarla a nuestro antojo. Si alguien me dijese ahora –yo soy dueño de mi vida- le retaría a no gastar el día de hoy. Por el miedo a morir no puedo “malgastar” la vida dándosela a otros. No puedo perder mi tiempo escuchando a ese amigo cansino que en vez de masa cerebral tiene un preparado para croquetas, o al abuelo hablando de lo mucho que ligaba a nuestra edad (como si no hubiesen fotos) y menos aún rezar por quienes me rodean [sobretodo cuando “ni siquiera tu mano izquierda debe saber lo que hace la derecha” (Mt 6,3)].

¿Consiste la vida en huir de esta “muerte”, que es amar sin recibir una retribución en mi percepción sensible? Pues no. Viendo la película “La última cima”, Pablo Dominguez decía: la muerte es sólo una puerta, lo importante es lo que hay detrás de ella. Qué alivio.

Amar hasta el final

La verdadera experiencia del cristiano es de una total gratuidad, de dejarse sorprender ante una realidad que nos envuelve, que supera nuestras dificultades y que siempre nos da más de lo que esperamos y buscamos. Ante esta experiencia únicamente podemos dar gracias, porque nosotros, seres pequeños, débiles y pecadores, que no podríamos llegar por nosotros mismos a disfrutar de la plenitud ni en un 1%, somos elevados en dignidad, honores y dones simple y llanamente porque a Dios le apetece amarnos.

Esta relación de Dios con nosotros siempre la he visto especialmente reflejada en el amor a las personas con discapacidad intelectual o física grave, es decir, aquellas personas que no podrían sobrevivir si estuviesen solas en el mundo. Me emociona sobremanera ver un padre (o una madre) perdiendo su tiempo, pasando vergüenza (porque cuando un niño discapacitado intelectual chilla miran todas las personas que están en el parque), y su vida (porque un niño así requiere atención toda la vida) por la felicidad cotidiana de estos niños. Sufriendo y amando.

Llegados a este punto quería poneros el siguiente vídeo, que ilustra el amor que tiene Dios con nosotros.


Las manos que levanta el chico al cruzar la meta son las manos que celebran la victoria sobre la muerte, de alguien destinado a no ganar nunca, por sus circunstancias, pero que es llevado a la meta por el amor de su padre, que lo lleva a ver las montañas en una silla de ruedas y el mar en una barca, que lo viste de ropa fina (¡A mí! Que estaba desnudo…) y le hace superar sus limitaciones para que sea profundamente feliz, porque le ama de forma que él no puede entender (¿a mí, que se me cae la baba?  ¿A mí, que me prostituí y vertí mi lujuria sobre todo el que pasaba?)

Bendito sea Dios, que nos permite conocer este amor y contemplar experiencias como esta (y mil más) que nos dejan ver que lo que dijo Juan Pablo II, “solo el amor construye” es empíricamente cierto. Podrán hablar mal de los curas, decir que la iglesia es el origen de todos los males de la sociedad, tirarnos huevos el día del domingo de ramos, pero, como dice mi catequista, “a mí que me quiten lo bailao”.

Para conocer la historia de este padre y su hijo podéis entrar aquí


Una luz en la noche

"Observad con más frecuencia las estrellas. Cuando estéis apesadumbrados mirad las estrellas o el azul del cielo. Cuando os sintáis tristes, cuando os ofendan…entreteneos… con el cielo. Entonces vuestra alma encontrará el sosiego" Pavel A. Florenskij

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